Todo lo que sea rebelarse el pueblo contra el poder establecido que le aprieta las tuercas mientras se perpetúa en su estatus, en principio es positivo. Pero hay algunas cuestiones que siempre me rondan, especialmente de unas semanas para acá por el caso de Túnez, y más recientemente Egipto:
1) ¿Cómo saber exactamente si un régimen estatal es dictadura o no?
2) ¿Cuál es el detonante de esa explosión repentina en el sentir y actuar de parte visible de la población?
3) Suponiendo que efectivamente se trate de dictadores a los que hay que derrocar… ¿cuál es la alternativa? ¿agrupaciones donde la presencia islamista-teocrática cobre cada vez más protagonismo?
1) Analicemos brevemente la figura de los principales mandatarios de ambos países (o ya prácticamente, ex-mandatarios), para lo cual reconozco que en gran parte me basaré en Wikipedia.
Zine El Abidine Ben Ali.- Presidente desde 1987 (guau, cerca de 24 años), en que dio un golpe de estado (¡ay!) contra el primer presidente tunecino, quien le había nombrado anteriormente primer ministro.
A destacar su profesión militar (a veces parece que esto de hacer carrera en la milicia y dar golpes de estado es todo uno), aunque hay que reseñar que previamente se formó en ingeniería electrónica.
En 1989, 1994 y 2009 “ganó” las elecciones con más del 99% de votos, en los dos primeros casos, y cerca de un 90%, en el último. ¡Cojones! ¿Qué sospechoso no? Quizá se entiende mejor si aclaramos que los partidos políticos más alejados de la ideología del suyo propio estaban vetados. Por cierto, el partido en cuestión de llama Agrupación Constitucional Democrática. ¡Qué bonito! Constitución y Democracia, valores universales, esta gente seguro que garantiza los derechos básicos y el bienestar de la población tunecina… ¿o no? Es curioso que la agrupación política de un tipo que lleva más de dos décadas parapetado en el poder supremo, se autodenomine democracia. Bueno, lo que es curioso en sí es que un partido se llame demócrata. Por definición, si hay partidos, hay sufragio, entonces hay democracia, ¿no? (sí, por supuesto es algo que pienso también del partido norteamericano menos conservador, pero esto es algo que se remonta a los tiempos de Thomas Jefferson a finales del s. XVIII y es harina de otro costal).

¿No parece que los dos guarden cierto parecido? just for men a tope y cara de cabrón
Hosni Mubarak.- Otro militar metido a político de primera plana, lleva como presidente desde 1981. Casi 30 años. En este caso no hablamos de golpe de estado, sino que asume el cargo tras el asesinato del hasta entonces presidente a manos de integristas islámicos -o eso pone en Wikipedia-, quien le designara vicepresidente varios años atrás. El partido, Nacional Democrático, otro de estos con nombres chirriantes.
Su ideario se fundamenta en conciliar las posturas islamistas tradicionales y la buena relación con EEUU y su protegido (y consentido) de Oriente Próximo, o sea Israel.
Cada 6 años se han venido celebrando elecciones en las que teóricamente habría visto siempre refutada su reelección: parece ser que no había más opciones políticas. En 2005, con ayuda previa de presiones internacionales, se abrió un poco el veto a la diversidad política, permitiendo ya en teoría elegir entre otros candidatos presidenciales. De esta manera se configura Hermanos Musulmanes como principal partido de la oposición, al que sin embargo el grupo de Mubarak vuelve a dejar fuera de juego en las elecciones de finales de 2011, calificadas por observadores y ONG internacionales como un fraude electoral a todas luces marcado por la compra de votos y la intimidación a electores.
Ahora bien, ¿Cómo reaccionan ambos mandatarios al saber la que se les viene encima, en las últimas crisis que han afectado a sus respectivos países?
Ben Ali se pira. Intenta conseguir asilo en Francia pero se lo deniengan, exiliándose en Arabia Saudi (un régimen que sí que no engaña: ni República, como las dos anteriores, ni partido “demócrata”, ni hostias: monarquía absolutista históricamente liderada por una dinastía feudal de jeques árabes, los Al-Saud -siento el oportunismo y reduccionismo desvergonzados, pero: para que luego digan que el islamismo no es anacrónico-, a los que prácticamente toda la comunidad internacional come la polla, incluído el “campechano” Juan Carlos I, que otorgó una súper condecoración al rey Abdullah en su última visita a España. ¡Lo que hace el petróleo!).
Mubarak en un principio refuerza la presencia policial contra los manifestantes en las calles y difunde vídeos reuniéndose con las fuerzas armadas para dar sensación de controlar el cotarro… pero, aunque se han producido alrededor de un centenar de fallecidos, no se origina la escabechina que podría ser porque al parecer el ejército no es tan represivo como querría el gobierno, y se mantiene en una posición más de contención y de prudencia, e incluso auxilio y acercamiento a la población.
Pero lo que más quiero destacar en este punto es que Mubarak y su Gobierno intentar abortar por todos los medios posibles el intento de boicot al mismo orquestado por el grupo de la oposición, al que se van sumando los manifestantes disconformes con el régimen. ¿Y cómo? Pues bloqueando brutalmente los principales sistemas de telecomunicación bidireccional para intentar evitar que la gente se organice y la rebelión vaya adelante: las operadoras de telefonía móvil y el propio Internet.
Esta censura es mucho más sangrante que la de Túnez, donde a este respecto sólo se bloquearon algunos routers.
Aun así, el impulso del movimiento es imparable y la gente sigue protestando en las calles incluso saltándose el toque de queda impuesto (o recomendado) por el Ejército.
Ante este panorama, Mubarak se rinde a la evidencia y empieza a bajarse un poquito los pantalones, manifestando un deseo de reforzar la democracia (o más bien iniciar una transición democrática real) y emprender acciones que refuercen la economía y restablezcan la confianza en ella, pero delegando las negociaciones en su primer ministro y negándose a abandonar el poder, al que sigue aferrado como una garrapata.
2) Como suele ocurrir con las revueltas populares, el origen y causa es un malestar general en la población. Yo, como soy mal pensada, en un primer momento pensé que podrían estar dirigidas por auspiciosos intereses internacionales más bien oscuros. Tipo, directamente, a EEUU ya no le interesa la figura de Mubarak aunque anteriormente fuera algo así como su aliado, y se lo quisiera quitar de en medio. Así que, organizando cuidadosamente un plan de acción, traducen ese velado interés en una supuesta explosión social en la que grupos de personas de diversas clases sociales se unen en la loable lucha por el bien común.
Pues oye, a lo mejor es justo lo que ha sucedido. Aunque bien es verdad que, al menos en el caso de Egipto, el grupo de la oposición es el que ha liderado la revuelta, no ha sido algo espontáneo surgido del latir común de las gentes, si bien es probable que su descontento haya sido el gran coadyuvante de la operación.
Yemen se ha sumado recientemente a la ola de protestas emprendidas mayoritariamente por jóvenes que se lanzan a las calles, y aquí viene un punto peliagudo. Según Tercera Información, aunque en la mayoría de las informaciones se les califique como islamistas sus reivindicaciones son totalmente laicas: trabajo, viviendas, derechos políticos y civiles como libertad de expresión, reunión, opinión y el acceso a unas votaciones con garantías.
Sin embargo, otros medios asocian las revueltas con grupos terroristas, concretamente el grupo terrorista por antonomasia: Al Qaeda (sobre el cual tengo que decir que, a día de hoy, dudo que exista como grupo más allá de la pérfida imaginería imperialista para crear o “arrejuntar” en uno enemigos del statu quo tan malévolos y poderosos como en verdad ficticios… sí, me he rendido un poco a la conspiranoia patrocinada por Zeitgeist). El Mundo afirma que la embajada española en Yemen ha tenido que cerrar debido a constantes amenazas terroristas.
Entonces ¿qué pasa? ¿Las demandas son “universales”, o de corte más bien religioso? A veces lo uno no está tan separado de lo otro. Un país de credo musulmán donde el grueso de la gente sufre apuros económicos, falta de infraestructuras básicas, buenas condiciones de empleabilidad, etc. (y a veces todo ello elevado a la enésima potencia por el efecto de gerras o asedios, como ocurre en Palestina a.k.a Cisjordania y Franja de Gaza), es un buen caldo de cultivo para que grupos islamistas de proyección integrista (sí, radical), desempeñen una profunda labor social de ayuda, amparo, cuidado, protección y… ¿adoctrinamiento? a través de redes bastante bien tejidas como ocurre con Hamas en la citada Franja. Vuelvo a mi escepticismo: a mí cualquier labor de ayuda humanitaria a los necesitados me parece sustancial, pero también es verdad que si un grupo armado y/o terrorista tiene el mayor control y acceso a los recursos… no me da nada de buena espina, especialmente si se guían por una ideología religiosa, lo cual no atiende a razones ni a nada a mi entender.
3) En lo referente a las alternativas de gobierno, me centraré en el caso de Egipto, porque dentro de mi desconocimiento me resulta algo más familiar.
Creo que ha quedado patente mi desconfianza hacia los procederes “islamistas”. Aunque ahora Mubarak se vea como el malo malísimo, y no voy a ser yo quien cuestione esa idea, parece que la opción más sobresaliente es la de los mencionados Hermanos Islamistas (ese nombre me da muy mal rollo, si no lo digo imploto).
Probablemente acuse incultura, pero… así a bote pronto no se me ocurre ningún estado islamista (teocrático) donde funcione una verdadera democracia, no sólo con posibilidad real de elegir entre diversas opciones políticas y con unos comicios transparentes, sino donde se vele por los derechos reales de la población… ¿Irán? Ese país del que habitualmente nos llegan noticias sobre dictámenes judiciales de lapidación a mujeres por haber cometido delitos como el adulterio… no, no es un buen ejemplo.
De todas formas, tengo esperanzas en el actual líder de la oposición, Mohamed el-Baradei, en cuya carta de presentación figura nada menos que haber obtenido el premio Nobel de la Paz, y el haber hecho frente directo a la Administración Bush negando la existencia de armas de destrucción masiva en Irak mientras fue director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, cargo del que acabó dimitiendo en 2009.
Hace menos de un año formó la Asociación Nacional para el Cambio, con pretensión de situarse por encima de la mera religión o política, y constituirse como agrupación de personas y colectivos que trabajen por una verdadera democracia y justicia social. Al menos en teoría.
Desde luego, el-Baradei se ha tomado en serio su papel, y afirma el proceso iniciado avanza inexorablemente hacia adelante. Al regresar del exilio en Londres en el que se encontraba, sus palabras han sido: “Si la gente lo quiere, y sobre todo los jóvenes, puedo dirigir la transición. No les voy a dejar en la estacada”.
Actualización (1-2-11):
Según el canal de noticias ruso RT, EEUU y UK podrían haber planeado tiempo atrás las revueltas en egipto, presuntamente por intereses petrolíferos. No sé qué grado de credibilidad darle, pero esto avalaría mi “hipótesis” inicial expuesta en el punto 2
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